2010/10/29

Premio Nobel de Literatura y...pintor.


LIFE® - Churchill with Painting, 1948


"Cuando me vaya al cielo, pienso pasar una parte considerable de mi primer millón de años pintando y de ese modo aprender a hacerlo bien. Pero entonces necesitaré una paleta más alegre que la que tengo aquí abajo. Espero que el naranja y el bermellón serán los colores más oscuros y fríos de esa paleta, y a partir de ellos habrá toda una gama de nuevos colores maravillosos que serán un deleite para el ojo celestial".
Winston Churchilltras ser Primer Ministro de Inglaterra, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1953. Se dedicó a pintar con auténtica pasión de amateur tras retirarse de la política. Buena prueba es este párrafo de su libro: "Painting as a pastime", "La pintura como un pasatiempo". 


Durante sus viajes privados o como estadista siempre encontró tiempo para pintar al menos un cuadro al óleo, preferentemente de paisajes: Francia, Italia, Palestina, Marruecos, Madeira,...  Ya en 1921 expuso en una galería de París con el seudónimo Charles Morin. Y cada año, entre 1947 y 1959, sus cuadros fueron seleccionados para la exposición de verano en la prestigiosa Royal Academy de Londres, con el seudónimo David Winter. 


   
Hay varios libros dedicados a su faceta de pintor:
Churchill - Royal Academy Souvenir 1959 Churchill: His Paintings 1967 Winston Churchill: His Life as a Painter 1990



En cambio, estos paisajes realizados en tinta son muy diferentes a los de Churchill, porque tienen elementos de la tradición pictórica oriental y occidental.





Son cuadros del Premio Nobel de Literatura en el año 2000, Gao Xingjian. 
robert4
Fotografía: Robert Wilson

El escritor chino que reside exiliado en París desde 1987, y que ha escrito su obra más conocida "La montagne de l'âme" en francés, es también un consumado pintor: "La peinture vient de l'endroit où les mots ne peuvent plus s'exprimer" (...) "L'esprit vient de la vie: il est dans les montagnes, les rivières, l'herbe et les arbres" (...) "Il ne faut pas sonder les âmes, il ne faut pas rechercher les causes et les effets, il ne faut pas rechercher le sens, tout n'est que chaos". 




Gao Xingjian, Marseille, 2003. Fotografía cortesía de Alain Melka/Jean-Louis Darmyn y Triangle Méditerranée.
La ciudad de Marsella en Francia, declaró 2003 como el año  Gao Xingjian, con una exposición de sus obras y la realización del film "Silhouette / Shadow" que trata de su trabajo pictórico y que él describe como un poema cinemático o una fábula moderna, ya que la película muestra imágenes de sus actividades a lo largo de ese año, sin seguir una línea narrativa. 
En España Gao Xingjian expuso en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid en 2002 y pudimos ver sus pinturas en tinta china sobre tela y papel en Barcelona cuando las expuso la Galería Senda en 2008. 












2010/10/23

Escultura y Luz. Kumi Yamashita.



Hay escultores que trabajan no sólo con la solidez de los materiales: piedra, metal, madera. Son escultores que trabajan con un elemento inmaterial, que carece de peso, volumen o textura: la luz.
La obra escultórica de la escultora Kumi Yamashita son unos perfiles en metal que cobran todo el sentido al iluminarlos.





Publico el e-mail que ha enviado:


Hi Everyone!

I hope this email finds you well.

I'm in Kaohsiung Design Festival in Taiwan through November 28th, 2010.
http://travelkaohsiung.com/whats-on/kaohsiung-design-festival/

Please come and visit the show if you are in the area!

Have a lovely fall or spring depending on your hemisphere...

Best,
Kumi
www.kumiyamashita.com

2010/10/16

«O che dolce cosa è questa prospettiva!»

File:Paolo uccello, studio di vaso in prospettiva 02.jpg





"O che dolce cosa è questa prospettiva!" le contestaba Paolo Uccello a su mujer cuando allá por 1450* pasaba las noches en vela dibujando, en vez de ir a dormir con ella. El nombre de Uccello le fué dado, a él que se llamaba Paolo di Dono, por su afición a pintar pájaros y otros animales, en paisajes que nadie había pintado antes con la perfección con que lo hizo él. Nos lo explica Vasari, en Le Vite de più eccellenti architetti, pittori et scultorique escribió 70 años después de la muerte de Uccello: "En la casa de los Médicis ejecutó al temple, sobre tela, algunas escenas de animales, por las cuales tenía mucha afición, empeñándose para realizarlas bien. En su casa siempre tenía dibujos y pinturas de pájaros, gatos, perros y toda clase de animales extraños, porque, siendo pobre, no podía poseer los ejemplares vivos. Y como lo deleitaban más que nada los pájaros, le dieron el apodo de Paolo Uccelli". 

Sigue explicando Vasari:

"Trabajó también en Santa Maria Maggiore, en una capilla al lado de la puerta lateral que conduce a San Giovanni, donde están la tabla y la predella de Masaccio: allí pintó al fresco una Anunciación en que representó una casa que merece atención, pues era tarea nueva y difícil en aquella época, siendo la primera obra en que se mostró a los artistas el buen modo de establecer la fuga de las líneas con gracia y proporción, y de representar amplio espacio y lontananza en una superficie muy pequeña. Quienes son capaces de agregar a esto las luces y las sombras en sus debidos lugares, sin duda logran engañar al ojo y dar vida y relieve a la pintura. Y no bastándole esto a Paolo, quiso superar mayor dificultad aún, representando una columnata en perspectiva, que rompe el ángulo vivo de la bóveda, allí donde están los cuatro Evangelistas. Esa realización fue considerada bella y difícil y, a la verdad, Paolo fue ingenioso y capaz en tal especialidad".







File:Paolo Uccello 064.jpg


Su obsesión por la perspectiva, aplicada a la descripción de paisajes, figuras y animales ha dejado cuadros como la Batalla de San Romano, que se encuentra en Londres:
Archivo:Paolo Uccello 031.jpg 


Y otra versión de la misma Batalla de San Romano, que se encuentra en Florencia:
Archivo:Paolo Uccello 023.jpg


Uccello dibujaba sin descanso:
"Considerables fueron, realmente, los esfuerzos desplegados por Paolo en materia de pintura, y dibujó tanto que dejó a sus deudos, según por ellos mismos he sabido, cajones llenos de proyectos. Pero si bien vale mucho proyectar, mejor es llevar los proyectos a la práctica, pues tienen más larga vida las obras que las hojas de papel dibujadas. Y aunque en nuestro Libro de dibujos hay bastantes figuras, perspectivas, pájaros y animales maravillosamente bellos, lo mejor de todo es un mazzocchio puramente lineal, tan hermoso que sólo la paciencia de Paolo era capaz de ejecutarlo. Aunque era un individuo de hábitos retraídos, admiraba el talento de los artistas y para dejar el recuerdo de algunos de ellos a la posteridad, pintó con su propia mano, en una larga tabla, los retratos de cinco hombres prominentes, que conservaba en su casa: uno era Giotto, pintor, lumbrera y padre del arte, Filippo di ser Brunelleschi representaba a la arquitectura, Donatello a la escultura, Paolo mismo a la perspectiva y la pintura de animales, y Giovanni Manetti, su amigo, con quien conversaba bastante y comentaba las cosas de Euclides, a las matemáticas". 


Vasari inicia su relato de Uccello con una visión crítica de su obsesión por la perspectiva:
"Paolo Uccello  hubiera sido el más delicioso y original genio después de Giotto en el arte de la pintura si se hubiese esforzado tanto en las figuras y los animales como se esforzó y perdió tiempo en las cosas de la perspectiva, pues aunque éstas son ingeniosas y bellas, quien se dedica inmoderadamente a ellas derrocha tiempo y más tiempo, gasta sus dotes naturales, acumula dificultades para su talento y a menudo lo convierte, de fecundo y fácil que era, en estéril y difícil. Y quien cuida más de la perspectiva que de las figuras, cae en un estilo seco y lleno de perfiles, producido por la voluntad de desmenuzar demasiado las cosas. Además, a menudo se vuelve solitario, extraño, melancólico y conoce la pobreza, como le ocurrió a Paolo Uccello que, dotado por la naturaleza de un ingenio sofístico y sutil, no encontraba placer mayor que el de investigar problemas difíciles e imposibles de la perspectiva. Y ésta, aunque bella y llena de fantasía, lo trabó tanto en la ejecución de las figuras que, a medida que iba envejeciendo, las hacía cada vez peor. Y no cabe duda de que quien, con estudios demasiado terribles, violenta la naturaleza, si bien por un lado aguza su ingenio, por otra parte nunca hace nada que parezca realizado con esa facilidad y esa gracia que naturalmente tienen aquellos que ponen cada pincelada en su lugar, moderadamente, con deliberada inteligencia llena de discreción, y eluden ciertas sutilezas que más bien dan a la obra un no sé qué forzado, seco, difícil y de pésimo estilo, que causa compasión a quien la mira, en vez de causarle asombro. En efecto, el instinto reclama ser utilizado en la misma medida en que el intelecto se empeña en obrar y en que el entusiasmo está encendido: entonces es cuando se ven surgir las maravillosas concepciones y los rasgos excelentes y divinos".


Le reprocha Vasari que cuando trabajó en los frescos de San Miniato, en las afueras de Florencia "hizo los campos azules, las ciudades rojas y los edificios de varios colores, según su fantasía".
Sin embargo, el escritor y erudito francés Marcel Schwob , que en su libro Vies imaginaires también utiliza la fantasía, lo hace para ensalzar la obsesión de Paolo Uccello por la perspectiva mediante imágenes de gran belleza literaria:
"Il représentait aussi toutes les bêtes et leurs mouvements, et les gestes des hommes afin de les réduire en lignes simples.
Ensuite, semblable à l’alchimiste qui se penchait sur les mélanges de métaux et d’organes et qui épiait leur fusion à son fourneau pour trouver l’or, Uccello versait toutes les formes dans le creuset des formes. Il les réunissait, et les combinait, et les fondait, afin d’obtenir leur transmutation dans la forme simple, d’où dépendent toutes les autres. Voilà pourquoi Paolo Uccello vécut comme un alchimiste au fond de sa petite maison. Il crut qu’il pourrait muer toutes les lignes en un seul aspect idéal. Il voulut concevoir l’univers créé ainsi qu’il se reflétait dans l’œil de Dieu, qui voit jaillir toutes les figures hors d’un centre complexe. Autour de lui vivaient Ghiberti, della Robbia, Brunelleschi, Donatello, chacun orgueilleux et maître de son art, raillant le pauvre Uccello, et sa folie de la perspective plaignant sa maison pleine d’araignées, vide de Provisions ; mais Uccello était plus orgueilleux encore. À chaque nouvelle combinaison de lignes, il espérait avoir découvert le mode de créer. Ce n’était pas l’imitation où il mettait son but, mais la puissance de développer souverainement toutes choses et l’étrange série de chaperons à plis lui semblait plus révélatrice que les magnifiques figures de marbre du grand Donatello".
(...) Quiso concebir el universo creado tal como se reflejaba en el ojo de Dios, que ve surgir todas las figuras a partir de un centro complejo".



Schwob crea, con la fantasía que tanto le gustaba al pintor, la narración de cómo pudo ser la muerte de Paolo Uccello: "Son visage était rayonnant de rides. Ses yeux étaient fixés sur le mystère révélé. Il tenait dans sa main strictement refermée un petit rond de parchemin couvert d’entrelacements qui allaient du centre à la circonférence et qui retournaient de la circonférence au centre." "Su rostro estaba surcado de arrugas. Sus ojos miraban fijamente al misterio revelado. Sujetaba en su mano firmemente cerrada un rollo pequeño de pergamino cubierto de líneas entrelazadas que iban del centro a la circunferencia y que regresaban de la circunferencia al centro".


Vasari en castellano
Vasari en italiano
Marcel Schwob en castellano
Marcel Schwob en français


*Vasari da la fecha de 1432 para el fallecimiento de Paolo Uccello. Sin embargo, en todas las biografías que he consultado, se da la fecha de 1475. La fecha de 1450 para esta cita es una invenzione.


Gracias a Jesús Olmo por recordarme a Uccello y enviarme las Vidas Imaginarias de Marcel Schwob.

2010/10/11

Pintura mural en Philadelphia. A love letter for you.

approaching_a_city_by_edward_hopper
Approaching a City. Edward Hopper. 1946.



Si el pintor Edward Hopper viviera hoy día en Philadelphia, ¿pintaría así?


Su cuadro "Approaching a City", de 1946, parece haber inspirado la atmósfera y la paleta de color de este video de Will Roegge
El cuadro "Approaching a City" de Edward Hopper tiene una paleta de color sombría y densa, alejada de la paleta de otros cuadros suyos de temas urbanos, como "Casa junto a las vías del tren", de 1925, o "Pennsylvania Coal Town", de 1947, o "Early Sunday morning", en los que Hopper pintaba las sombras que se producen en un día soleado con una luz limpia y nítida. Una luz que daba ligereza a la soledad casi metafísica de los habitantes de sus pinturas. En una entrevista que le hizo John Morse en 1959, Hopper habla del miedo y de la ansiedad que hasta cierto punto nos produce el aproximarnos en tren a una gran ciudad y de cómo quiso captar ese sentimiento en el cuadro "Approaching a City". John Morse comenta que la primera vez que lo vió expuesto le llamó poderosamente la atención el juego de planos y volúmenes geométricos de este cuadro. Visto con ojos contemporáneos, llama la atención el muro que lleva al túnel, porque está vacío como un lienzo en blanco. Hoy día estos muros están seguramente llenos de pinturas, firmas y graffiti.






Edward Hopper Pennsylvania.jpg (55698 bytes)





El video del proyecto "A love letter for you" nos lleva a dar un paseo junto a las vías del tren y por las calles de la zona oeste de la ciudad de Philadelphia para mostrarnos las pinturas murales de Stephen Powers. El proyecto, patrocinado por el Programa de Arte Mural de la ciudad de Philadelphia consta de 50 pinturas murales y pudo recorrerse en un tren especial el día de San Valentín.


MAPValentineEmail (1)

¿Para cuándo un proyecto como el de Philadelphia Mural Arts Program en Barcelona? ¿Cuándo descubrirá el Ayuntamiento de Barcelona que promover y gestionar la creatividad con que tantos pintores murales llenan espontánea y gratuitamente las paredes de graffiti es mucho mejor que prohibirla? Lo que aquí se considera un problema, y por lo tanto se persigue y se prohíbe, en Philadelphia se promueve y se convierte en patrimonio artístico de todos.

Sigue soñando... 

  

2010/09/22

Andy Goldsworthy responde a un joven artista






Fotografía: Cristina Chi



El proyecto de Refugios de arte que Andy Goldsworthy lleva a cabo en Digne, en la Alta Provenza francesa, sigue adelante.
Este mes de septiembre, Andy Goldsworthy pasa quince días en el refugio de l'Escuichière realizando una nueva escultura en una nueva sala, un muro con el dibujo de un aspa.  En este refugio de l'Escuichière realizó en 2004 el muro de regueros de agua sugeridos mediante las líneas de calcita blanca en piedra calcárea negra que se encuentra en una cantera de la zona. La piedra con la x en blanco necesaria para realizar el cruce de las líneas del aspa se encontró al finalizar el muro de regueros de agua y se ha guardado en el Musée Gassendi de Digne, en la sala Goldsworthy, hasta que ha sido posible colocarla. Andy Goldsworthy ha previsto realizar en el futuro otra sala en este mismo refugio, de la que pueden verse los apuntes en el Musée Gassendi de Digne, en la que el  dibujo de línea blanca en la piedra será un círculo.
En el libro Refuges d'Art, Andy Golsworthy explica sobre esta escultura: "The river is a very strong expression of flow, connexion and movement. I'd like to feel that I can find the river in a tree, in a stone. I think that the sculpture that I make in here is an attempt to find the stream, the water in the stone, the fluidity. It is a line of energy, movement and flow". Una línea de energía, movimiento y fluidez.






Andy Goldsworthy trabaja acompañado por un equipo de siete hombres, expertos en el trabajo en piedra, dirigidos por Gordon, que colabora con él desde hace años en la realización de muros en piedra, como los que pueden verse en el extraordinario documental Rivers and Tides.

Las piedras han de cortarse para encajar entre sí al hacer el muro y al mismo tiempo para que las líneas continúen el dibujo. Se seleccionan, se tallan, se colocan en el suelo para comprobar que encajan de manera adecuada y finalmente se llevan al muro, donde se hacen los cortes  definitivos para su ajuste perfecto.


Al final del día, en un encuentro organizado por Jean-Pierre Brovelli guía de Refuges d'art y Nadine Gomez, directora del Musée Gassendi, entre los que hicimos este año el recorrido de Refugios de arteAndy Goldsworthy, pude hablar con él y hacerle una pregunta relacionada con el libro Cartas a un joven artista
._ I would like to know, now that so far you have accomplished a substantial part of your work, what would you say to a young artist who asks you for advice?
._ I think that the only thing I would say is: place your art first.
._ First of everything?
._ Yes, just place your art first. Don't wait to.., don't say: “I will make my art when I am thirty or forty or fifty”, and you still have not made your art, no?
._ Yes
._ So, if you have no studio, you still make your art, if you have no gallery, you still make your art, if you have no money, you still make your art. That's all, probably.
He traducido así la respuesta de Andy Goldsworthy a un joven artista que le pide consejo:
Pon tu arte por delante de todo lo demás. No esperes a tener treinta, cuarenta o cincuenta años, porque llegarás a tenerlos y todavía no habrás hecho nada. Así que no importa si no tienes estudio, tú haz tu obra, no importa si no tienes galería, tú haz tu obra, no importa si no tienes dinero, tú haz tu obra. Eso es todo.

Fotografías: Cristina Chi y Nuria Armengol

2010/09/14

Cuento azul. Marguerite Yourcenar






Cuadro de Nuria Armengol La Tierra Prometida, óleo sobre lienzo, 150 x 150 cm, 2000


Los mercaderes procedentes de Europa estaban sentados en el
puente, de cara a la mar azul, en la sombra color índigo de las
velas remendadas de retazos grises. El sol cambiaba constantemente
de lugar entre los cordajes y, con el balanceo del barco,
parecía estar saltando como una pelota que rebotara por encima
de una red de mallas muy abiertas. El navío tenía que virar
continuamente para evitar los escollos; el piloto, atento a la maniobra,
se acariciaba el mentón azulado.
Al crepúsculo, los mercaderes desembarcaron en una orilla
embaldosada de mármol blanco; vetas azuladas surcaban la superficie
de las grandes losas que antaño fueran revestimiento de
templos. La sombra que cada uno de los mercaderes arrastraba
tras de sí por la calzada, al caminar en el sentido del ocaso, era
más alargada, más estrecha y no tan oscura como en pleno mediodía;
su tonalidad, de un azul muy pálido, recordaba a la de
las ojeras que se extienden por debajo de los párpados de una
enferma. En las blancas cúpulas de las mezquitas espejeaban
inscripciones azules, cual tatuajes en un seno delicado; de vez
en cuando, una turquesa se desprendía por su propio peso del
artesonado y caía con un ruido sordo sobre las alfombras de un
azul muelle y descolorido.
Se levantó la luna y emprendió una danza errática, como
un espíritu endiablado, entre las tumbas cónicas del cementerio.
El cielo era azul, semejante a la cola de escamas de una sirena,
y el mercader griego encontraba en las montañas desnudas
que bordeaban el horizonte un parecido con las grupas azules y
rasas de los centauros.
Todas las estrellas concentraban su fulgor en el interior del
palacio de las mujeres. Los mercaderes penetraron en el patio
de honor para resguardarse del viento y del mar, pero las mujeres,
asustadas, se negaban a recibirlos y ellos se desollaron en
vano las manos a fuerza de llamar a las puertas de acero, relucientes
como la hoja de un sable.
Tan intenso era el frío, que el mercader holandés perdió los
cinco dedos de su pie izquierdo; al mercader italiano le amputó
los dedos de la mano derecha una tortuga que él había tomado,
en la oscuridad, por un simple cabujón de lapislázuli. Por fin,
un negrazo salió del palacio llorando y les explicó que, noche
tras noche, las damas rechazaban su amor por no tener la piel
suficientemente oscura. El mercader griego supo congraciarse
con el negro merced al regalo de un talismán hecho de sangre
seca y de tierra de cementerio, así es que el nubio los introdujo
en una gran sala color ultramar y recomendó a las mujeres que
no hablaran demasiado alto para que no despertaran los camellos
en su establo y no se alterasen las serpientes que chupan la
leche del claro de luna.
Los mercaderes abrieron sus cofres ante los ojos ávidos de
las esclavas, en medio de olorosos humos azules, pero ninguna
de las damas respondió a sus preguntas y las princesas no aceptaron
sus regalos. En una sala revestida de dorados, una china
ataviada con un traje anaranjado los tachó de impostores, pues
las sortijas que le ofrecían se volvían invisibles al contacto de su
piel amarilla. Ninguno advirtió la presencia de una mujer vestida
de negro, sentada en el fondo de un corredor, y como le pisaran
sin darse cuenta los pliegues de su falda, ella los maldijo invocando
al cielo azul en la lengua de los tártaros, invocando al
sol en la lengua turca, e invocando a la arena en la lengua del
desierto. En una sala tapizada de telas de araña, los mercaderes
no obtuvieron respuesta de otra mujer, vestida de gris, que sin
cesar se palpaba para estar segura de que existía; en la siguiente
sala, color grana, los mercaderes huyeron a la vista de una mujer
vestida de rojo que se desangraba por una ancha herida
abierta en el pecho, aunque ella parecía no darse cuenta, ya que
su vestido no estaba ni siquiera manchado.
Pudieron al cabo refugiarse en el ala donde estaban las cocinas
y allí deliberaron acerca del mejor medio para llegar hasta
la caverna de los zafiros. Constantemente los molestaba el trajín
de los aguadores, y un perro sarnoso fue a lamer el muñón
azul del mercader italiano, el que había perdido los dedos. Al
fin, vieron aparecer por la escalera de la bodega a una joven esclava
que llevaba hielo granizado en un ataifor de cristal turbio;
lo depositó sin mirar dónde, sobre una columna de aire, para
dejarse las manos libres y poder saludar, levantándolas hasta la
frente, donde llevaba tatuada la estrella de los magos. Sus cabellos
azul-negros fluían desde las sienes hasta los hombros; sus
ojos claros miraban el mundo a través de dos lágrimas; y su
boca no era sino una herida azul. Su vestido color lavanda, de
fina tela desteñida por hartos lavados, estaba desgarrado en las
rodillas, pues la joven tenía por costumbre prosternarse para
rezar y lo hacía constantemente.
Poco importaba que no comprendiera la lengua de los
mercaderes, pues era sordomuda; así, se limitó a asentir gravemente
con la cabeza cuando ellos inquirieron cómo ir hasta el
tesoro mostrándole en un espejo sus ojos color de gema y señalando
luego la huella de sus pasos en el polvo del corredor. El
mercader griego le ofreció sus talismanes: la niña los rechazó
como lo hubiera hecho una mujer dichosa, pero con la sonrisa
amarga de una mujer desesperada; el mercader holandés le tendió
un saco lleno de joyas, pero ella hizo una reverencia desplegando
con las manos el pobre vestido todo roto, y no les fue
posible adivinar si es que se juzgaba demasiado indigente o demasiado
rica para tales esplendores.
Luego, con una brizna de hierba levantó el picaporte de la
puerta y se encontraron en un patio redondo como el interior
de un pozal, lleno hasta los bordes de la fría luz matinal. La joven
se sirvió de su dedo meñique para abrir la segunda puerta
que daba a la llanura y, uno tras otro, se encaminaron hacia el
interior de la isla por un camino bordeado de matas de aloe.
Las sombras de los mercaderes iban pegadas a sus talones, cual
siete víboras pequeñas y negras, en tanto que la muchacha estaba
desprovista de toda sombra, lo que les dio que pensar si no
sería un fantasma.
Las colinas, azules a distancia, se volvían negras, pardas o
grises a medida que se aproximaban; sin embargo, el mercader
de la Turena no perdía el valor y para darse ánimos cantaba
canciones de su tierra francesa. El mercader castellano recibió
por dos veces la picadura de un escorpión y sus piernas se hincharon
hasta las rodillas y cobraron un color de berenjena madura,
pero no parecía sentir dolor alguno e incluso caminaba
con un paso más seguro y más solemne que los otros, como si
estuviera sostenido por dos gruesos pilares de basalto azul. El
mercader irlandés lloraba viendo cómo gotas de sangre pálida
perlaban los talones de la muchacha, que andaba descalza sobre
cascos de porcelana y de vidrios rotos.
Cuando llegaron al sitio, tuvieron que arrastrarse de rodillas
para entrar a la caverna, que no abría al mundo más que
una boca angosta y agrietada. La gruta era, sin embargo, más
espaciosa de lo que hubiera podido esperarse y, así que sus ojos
hubieron hecho buenas migas con las tinieblas, descubrieron
por doquier fragmentos de cielo entre las fisuras de la roca. Un
lago muy puro ocupaba el centro del subterráneo, y cuando el
mercader italiano lanzó una guija para calcular la profundidad,
no se la oyó caer, pero se formaron pompas en la superficie,
como si una sirena bruscamente despertada hubiera expelido
todo el aire que llenaba sus pulmones. El mercader griego empapó
sus manos ávidas en aquella agua y las sacó teñidas hasta
las muñecas, como si se tratara de la tina hirviendo de un tintorero;
mas no logró apoderarse de los zafiros que bogaban, cual
flotillas de nautilos, por aquellas aguas más densas que las de
los mares. Entonces, la joven deshizo sus largas trenzas y sumergió
los cabellos en el lago: los zafiros se prendieron en ellos
como en las mallas sedosas de una oscura red. Llamó primero
al mercader holandés, que se metió las piedras preciosas en las
calzas; luego, al mercader francés, que se llenó el chapeo de za29
firos; el mercader griego atiborró un odre que llevaba al hombro,
en tanto que el mercader castellano, arrancándose los sudados
guantes de cuero, los llenó y se los puso colgados al
cuello, de tal suerte que parecía llevar dos manos cortadas.
Cuando le llegó el turno al mercader irlandés, ya no quedaban
zafiros en el lago; la joven esclava se quitó un colgante de abalorios
que llevaba y por señas le ordenó que se lo pusiera sobre
el corazón.
Salieron arrastrándose de la caverna y la muchacha pidió
al mercader irlandés que la ayudara a rodar una gruesa piedra
para cerrar la entrada. Luego, colocó un precinto confeccionado
con un poco de arcilla y una hebra de sus cabellos.
El camino se les hizo más largo que a la ida por la mañana.
El mercader castellano, que empezaba a sufrir a causa de sus
piernas emponzoñadas, se tambaleaba y blasfemaba invocando
el nombre de la madre de Dios. El mercader holandés, que estaba
hambriento, trató de arrancar las azules brevas maduras de
una higuera, pero un enjambre de abejas ocultas en la espesura
almibarada le picaron profundamente en la garganta y en las
manos.
Llegados al pie de las murallas, el grupo dio un rodeo para
evitar a los centinelas y se dirigieron sin hacer ruido hacia el
puerto de los pescadores de sirenas, que estaba siempre desierto,
pues hacía largo tiempo que no se pescaban ya sirenas en
aquel país. La barca flotaba blandamente en el agua, amarrada
al dedo de un pie de bronce, único resto de una estatua colosal
erigida antaño en honor a un dios del que ya nadie recordaba el
nombre. En el muelle, la esclava sordomuda hizo intención de
despedirse de los hombres, saludándoles con las manos puestas
en el corazón; entonces, el mercader griego la tomó por las muñecas
y la arrastró hasta el barco, movido por el propósito de
venderla al príncipe veneciano del Negroponto, de quien se sabía
que le gustaban las mujeres heridas o afectadas de alguna
invalidez. La doncella se dejó llevar sin oponer resistencia y sus
lágrimas, al caer sobre las maderas del puente, se transforma30
ban en bellas aguamarinas, así es que sus verdugos se las ingeniaron
para darle motivos que la hicieran llorar.
La dejaron desnuda y la ataron al palo mayor; su cuerpo
era tan blanco que servía de fanal al barco en aquella noche
clara navegando entre las islas. Cuando hubieron terminado su
partida de palillos, los mercaderes bajaron a la cabina para
echarse a dormir. Hacia el alba, el holandés subió al puente
aguijoneado por el deseo y se acercó a la prisionera, dispuesto a
violentarla. Mas he aquí que la niña había desaparecido: las ligaduras
colgaban, vacías, del tronco negro del mástil, como un
cinturón demasiado ancho, y en el lugar donde se habían posado
sus pies suaves y delgados no quedaba otra cosa que un
montoncito de hierbas aromáticas que exhalaban un humillo
azul.
En los días que siguieron reinó una calma chicha, y los rayos
del sol, que caían a plomo sobre la lisa superficie color de
algas, producían un chirrido de hierro candente sumergido en
agua fría. Las piernas gangrenadas del mercader castellano se
habían puesto azules como las montañas que se columbraban
en el horizonte y purulentos regueros se deslizaban desde las
tablas del puente hasta el mar. Cuando el sufrimiento se hizo
intolerable, el hombre sacó del cinturón una ancha daga triangular
y se cercenó a la altura de los muslos las dos piernas envenenadas.
Murió agotado al despuntar la aurora, después de haber
legado sus zafiros al mercader suizo, que era su enemigo
mortal.
Al cabo de una semana recalaron en Esmirna y el mercader
de Turena, que siempre había temido al mar, optó por desembarcar,
con intención de continuar su viaje a lomos de una buena
mula. Un banquero armenio le cambió los zafiros por diez
mil monedas con la efigie del Preste Juan. Eran piezas perfectamente
redondas y el francés cargó alegremente con ellas hasta
trece mulos; pero, así que llegó a Angers, tras siete años de viaje,
se encontró con la sorpresa de que las monedas del monarcapreste
no tenían curso en su país.
En Ragusa, el mercader holandés trocó sus zafiros por una
jarra de cerveza servida en el mismo muelle, pero tuvo que escupir
aquel insulso líquido aventado que no tenía el mismo gusto
que la cerveza de las tabernas de Ámsterdam. El mercader italiano
desembarcó en Venecia con el propósito de hacerse proclamar
Dogo, mas pereció asesinado al día siguiente de sus nupcias
con la laguna. En cuanto al mercader griego, se le ocurrió
atar los zafiros a un cabo largo y suspenderlos en el costado de
la barca, esperando que el contacto con las olas fuera benéfico
para su hermoso color azul. Al mojarse, las gemas se volvieron
líquidas y apenas si añadieron al tesoro del mar unas pocas gotas
de agua transparente. El hombre se consoló pescando peces
y asándolos al rescoldo de la ceniza.
Un atardecer, al cabo de veintisiete días de navegación, el
barco fue atacado por un corsario. El mercader de Basilea se
tragó sus zafiros para sustraerlos a la avaricia de los piratas y
murió de atroces dolores de entrañas. El griego se echó al mar
y fue recogido por un delfín, que lo condujo hasta Tinos. El irlandés,
molido a golpes, fue dejado por muerto en la barca, entre
los cadáveres y los sacos vacíos; nadie se tomó la molestia de
quitarle el colgante de falsas piedras azules, que no tenía ningún
valor. Treinta días más tarde, la barca a la deriva entró por sí
misma en el puerto de Dublín y el irlandés echó pie a tierra para
mendigar un pedazo de pan.
Estaba lloviendo. Los tejados oblicuos de las casas bajas
sugerían grandes espejos destinados a captar los espectros de la
luz muerta. La calzada desigual se encharcaba más y más; el cielo,
de un parduzco sucio, parecía tan cenagoso que ni los ángeles
se hubieran atrevido a salir de la casa de Dios; las calles estaban
desiertas; el puesto de un mercero ambulante, que vendía calcetines
de lana cruda y cordones para los zapatos, se veía abandonado
al borde de una acera debajo de un paraguas abierto. Los reyes
y los obispos esculpidos en el pórtico de la catedral no hacían
nada para impedir que cayera la lluvia sobre sus coronas o sus
mitras, y la Magdalena recibía el agua en sus senos desnudos.
El mercader, todo desalentado, fue a sentarse bajo el pórtico
junto a una joven mendiga, tan pobre que su cuerpo, azulenco
de frío, se veía a través de los desgarrones de su vestido gris. Sus
rodillas se entrechocaban ligeramente; sus dedos cubiertos de
sabañones apretaban un mendrugo de pan. El mercader le pidió
por el amor de Dios que se lo diera, y ella se lo tendió en el acto.
El mercader hubiera querido regalarle el colgante de abalorios
azules, puesto que no tenía ninguna otra cosa que ofrecer; mas
en vano buscó en sus bolsillos, alrededor de su cuello, entre las
cuentas de su rosario. No hallándolo, se echó a llorar desconsolado:
no poseía ya nada que pudiera recordarle el color del cielo
y la tonalidad del mar en donde había estado a punto de perecer.
Suspiró profundamente y, como el crepúsculo y la fría niebla
se espesaban en derredor, la muchachita se apretujó contra
él para darle calor. El hombre le hizo preguntas acerca del país
y ella le contestó en el tosco dialecto del pueblo que dejara antaño,
siendo aún muy chico. Entonces, apartó los cabellos desgreñados
que cubrían el rostro de la mendiga, pero tan sucio
estaba que la lluvia iba trazando en él regueritos blancos, y el
mercader descubrió horrorizado que la niña era ciega y que una
siniestra nube velaba el ojo izquierdo. No dejó por ello, sin embargo,
de posar su cabeza en aquellas rodillas mal cubiertas de
harapos y se durmió sosegado: el ojo derecho, que había visto
privado de mirada, era milagrosamente azul.

Cuento azul. Marguerite Yourcenar.
Cuentos completos. Editorial Alfaguara.

2010/08/26

Cámara oscura, herramienta de pintores





4 dibujos de Canaletto, dibujados en Venecia con cámara oscura. Gallerie dell'Accademia.


La cámara oscura ha sido una herramienta utilizada por los pintores desde el siglo XV. Proyectando la imagen invertida sobre un papel o una tela, han dibujado sobre la proyección desde Vermeer a David Hockney. En este video del documental Genios de la fotografía de la BBC, vemos un ejemplo espectacular del principio óptico que siglos más tarde dió origen a la cámara fotográfica, filmado en Venecia.


Pintura en time lapse

Time lapse es una técnica de video que nos permite ver el proceso de trabajo de una pintura, desde el inicio hasta el final. Como en este video del pintor Marc Dalessio pintando su autoretrato .




Time-lapse es una técnica utilizada en animación para crear la sensación de movimiento a partir de una sucesión de imágenes fijas. Un ejemplo son los dibujos que descomponen el movimiento de la carrera de un dinosaurio en este mural en la estación Etterbeek de Bruselas, realizado por Bonom & Lork.



Algunos lo utilizan además creando una secuencia narrativa, en la que el proceso son distintas viñetas de la narración. Una película de animación en la que no sólo vemos los dibujos que nos explican una historia, sino a quienes los dibujan, mientras los dibujan. Como en el espectacular video de los jóvenes artistas Blu y David Ellis.

En este otro ejemplo, un grupo de tres pintores con sus monos blancos de trabajo, pintan sucesivas imágenes en el muro de un patio. El tema es 350. 
.-¿350? ¿350 qué? 
Los científicos afirman que el límite seguro para la humanidad es 350 partes de CO2 por millón  en la atmósfera. Actualmente es de 392 y sigue aumentando. La organización 350.org se ha propuesto lograr un acuerdo internacional sobre esta cifra límite mediante la presión del público. En su web www.350.org se pueden proponer acciones públicas y ver las que han realizado en todo el mundo todo tipo de personas concienciadas con el tema de la sostenibilidad y el cambio climático.



350 from Hans Hansen on Vimeo.

2010/07/27

La Pintura y el Fuego V.

En 1767 el volcán Vesubio entró en erupción, causando el mismo terror atávico y la misma fascinación que nos siguen provocando las fuerzas naturales cuando escapan a nuestro control. El volcán Eyjafjalla entró en erupción en Islandia el año 2010 y desde entonces numerosos fotógrafos profesionales han sobrevolado su cráter en helicóptero para fotografiarlo y miles de personas desde la distancia lo han observado y fotografiado con sus cámaras digitales y teléfonos móviles.
El pintor inglés Joseph Wright (1734-1797) tras su visita a Italia, pintó numerosos cuadros del Vesubio en erupción, escupiendo fuego, lava y cenizas, lo que viene haciendo con regularidad desde la erupción del año 79 que sepultó Pompeya.


Gracias de nuevo a Jesús Olmo.