2010/10/11

Pintura mural en Philadelphia. A love letter for you.

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Approaching a City. Edward Hopper. 1946.



Si el pintor Edward Hopper viviera hoy día en Philadelphia, ¿pintaría así?


Su cuadro "Approaching a City", de 1946, parece haber inspirado la atmósfera y la paleta de color de este video de Will Roegge
El cuadro "Approaching a City" de Edward Hopper tiene una paleta de color sombría y densa, alejada de la paleta de otros cuadros suyos de temas urbanos, como "Casa junto a las vías del tren", de 1925, o "Pennsylvania Coal Town", de 1947, o "Early Sunday morning", en los que Hopper pintaba las sombras que se producen en un día soleado con una luz limpia y nítida. Una luz que daba ligereza a la soledad casi metafísica de los habitantes de sus pinturas. En una entrevista que le hizo John Morse en 1959, Hopper habla del miedo y de la ansiedad que hasta cierto punto nos produce el aproximarnos en tren a una gran ciudad y de cómo quiso captar ese sentimiento en el cuadro "Approaching a City". John Morse comenta que la primera vez que lo vió expuesto le llamó poderosamente la atención el juego de planos y volúmenes geométricos de este cuadro. Visto con ojos contemporáneos, llama la atención el muro que lleva al túnel, porque está vacío como un lienzo en blanco. Hoy día estos muros están seguramente llenos de pinturas, firmas y graffiti.






Edward Hopper Pennsylvania.jpg (55698 bytes)





El video del proyecto "A love letter for you" nos lleva a dar un paseo junto a las vías del tren y por las calles de la zona oeste de la ciudad de Philadelphia para mostrarnos las pinturas murales de Stephen Powers. El proyecto, patrocinado por el Programa de Arte Mural de la ciudad de Philadelphia consta de 50 pinturas murales y pudo recorrerse en un tren especial el día de San Valentín.


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¿Para cuándo un proyecto como el de Philadelphia Mural Arts Program en Barcelona? ¿Cuándo descubrirá el Ayuntamiento de Barcelona que promover y gestionar la creatividad con que tantos pintores murales llenan espontánea y gratuitamente las paredes de graffiti es mucho mejor que prohibirla? Lo que aquí se considera un problema, y por lo tanto se persigue y se prohíbe, en Philadelphia se promueve y se convierte en patrimonio artístico de todos.

Sigue soñando... 

  

2010/09/22

Andy Goldsworthy responde a un joven artista






Fotografía: Cristina Chi



El proyecto de Refugios de arte que Andy Goldsworthy lleva a cabo en Digne, en la Alta Provenza francesa, sigue adelante.
Este mes de septiembre, Andy Goldsworthy pasa quince días en el refugio de l'Escuichière realizando una nueva escultura en una nueva sala, un muro con el dibujo de un aspa.  En este refugio de l'Escuichière realizó en 2004 el muro de regueros de agua sugeridos mediante las líneas de calcita blanca en piedra calcárea negra que se encuentra en una cantera de la zona. La piedra con la x en blanco necesaria para realizar el cruce de las líneas del aspa se encontró al finalizar el muro de regueros de agua y se ha guardado en el Musée Gassendi de Digne, en la sala Goldsworthy, hasta que ha sido posible colocarla. Andy Goldsworthy ha previsto realizar en el futuro otra sala en este mismo refugio, de la que pueden verse los apuntes en el Musée Gassendi de Digne, en la que el  dibujo de línea blanca en la piedra será un círculo.
En el libro Refuges d'Art, Andy Golsworthy explica sobre esta escultura: "The river is a very strong expression of flow, connexion and movement. I'd like to feel that I can find the river in a tree, in a stone. I think that the sculpture that I make in here is an attempt to find the stream, the water in the stone, the fluidity. It is a line of energy, movement and flow". Una línea de energía, movimiento y fluidez.






Andy Goldsworthy trabaja acompañado por un equipo de siete hombres, expertos en el trabajo en piedra, dirigidos por Gordon, que colabora con él desde hace años en la realización de muros en piedra, como los que pueden verse en el extraordinario documental Rivers and Tides.

Las piedras han de cortarse para encajar entre sí al hacer el muro y al mismo tiempo para que las líneas continúen el dibujo. Se seleccionan, se tallan, se colocan en el suelo para comprobar que encajan de manera adecuada y finalmente se llevan al muro, donde se hacen los cortes  definitivos para su ajuste perfecto.


Al final del día, en un encuentro organizado por Jean-Pierre Brovelli guía de Refuges d'art y Nadine Gomez, directora del Musée Gassendi, entre los que hicimos este año el recorrido de Refugios de arteAndy Goldsworthy, pude hablar con él y hacerle una pregunta relacionada con el libro Cartas a un joven artista
._ I would like to know, now that so far you have accomplished a substantial part of your work, what would you say to a young artist who asks you for advice?
._ I think that the only thing I would say is: place your art first.
._ First of everything?
._ Yes, just place your art first. Don't wait to.., don't say: “I will make my art when I am thirty or forty or fifty”, and you still have not made your art, no?
._ Yes
._ So, if you have no studio, you still make your art, if you have no gallery, you still make your art, if you have no money, you still make your art. That's all, probably.
He traducido así la respuesta de Andy Goldsworthy a un joven artista que le pide consejo:
Pon tu arte por delante de todo lo demás. No esperes a tener treinta, cuarenta o cincuenta años, porque llegarás a tenerlos y todavía no habrás hecho nada. Así que no importa si no tienes estudio, tú haz tu obra, no importa si no tienes galería, tú haz tu obra, no importa si no tienes dinero, tú haz tu obra. Eso es todo.

Fotografías: Cristina Chi y Nuria Armengol

2010/09/14

Cuento azul. Marguerite Yourcenar






Cuadro de Nuria Armengol La Tierra Prometida, óleo sobre lienzo, 150 x 150 cm, 2000


Los mercaderes procedentes de Europa estaban sentados en el
puente, de cara a la mar azul, en la sombra color índigo de las
velas remendadas de retazos grises. El sol cambiaba constantemente
de lugar entre los cordajes y, con el balanceo del barco,
parecía estar saltando como una pelota que rebotara por encima
de una red de mallas muy abiertas. El navío tenía que virar
continuamente para evitar los escollos; el piloto, atento a la maniobra,
se acariciaba el mentón azulado.
Al crepúsculo, los mercaderes desembarcaron en una orilla
embaldosada de mármol blanco; vetas azuladas surcaban la superficie
de las grandes losas que antaño fueran revestimiento de
templos. La sombra que cada uno de los mercaderes arrastraba
tras de sí por la calzada, al caminar en el sentido del ocaso, era
más alargada, más estrecha y no tan oscura como en pleno mediodía;
su tonalidad, de un azul muy pálido, recordaba a la de
las ojeras que se extienden por debajo de los párpados de una
enferma. En las blancas cúpulas de las mezquitas espejeaban
inscripciones azules, cual tatuajes en un seno delicado; de vez
en cuando, una turquesa se desprendía por su propio peso del
artesonado y caía con un ruido sordo sobre las alfombras de un
azul muelle y descolorido.
Se levantó la luna y emprendió una danza errática, como
un espíritu endiablado, entre las tumbas cónicas del cementerio.
El cielo era azul, semejante a la cola de escamas de una sirena,
y el mercader griego encontraba en las montañas desnudas
que bordeaban el horizonte un parecido con las grupas azules y
rasas de los centauros.
Todas las estrellas concentraban su fulgor en el interior del
palacio de las mujeres. Los mercaderes penetraron en el patio
de honor para resguardarse del viento y del mar, pero las mujeres,
asustadas, se negaban a recibirlos y ellos se desollaron en
vano las manos a fuerza de llamar a las puertas de acero, relucientes
como la hoja de un sable.
Tan intenso era el frío, que el mercader holandés perdió los
cinco dedos de su pie izquierdo; al mercader italiano le amputó
los dedos de la mano derecha una tortuga que él había tomado,
en la oscuridad, por un simple cabujón de lapislázuli. Por fin,
un negrazo salió del palacio llorando y les explicó que, noche
tras noche, las damas rechazaban su amor por no tener la piel
suficientemente oscura. El mercader griego supo congraciarse
con el negro merced al regalo de un talismán hecho de sangre
seca y de tierra de cementerio, así es que el nubio los introdujo
en una gran sala color ultramar y recomendó a las mujeres que
no hablaran demasiado alto para que no despertaran los camellos
en su establo y no se alterasen las serpientes que chupan la
leche del claro de luna.
Los mercaderes abrieron sus cofres ante los ojos ávidos de
las esclavas, en medio de olorosos humos azules, pero ninguna
de las damas respondió a sus preguntas y las princesas no aceptaron
sus regalos. En una sala revestida de dorados, una china
ataviada con un traje anaranjado los tachó de impostores, pues
las sortijas que le ofrecían se volvían invisibles al contacto de su
piel amarilla. Ninguno advirtió la presencia de una mujer vestida
de negro, sentada en el fondo de un corredor, y como le pisaran
sin darse cuenta los pliegues de su falda, ella los maldijo invocando
al cielo azul en la lengua de los tártaros, invocando al
sol en la lengua turca, e invocando a la arena en la lengua del
desierto. En una sala tapizada de telas de araña, los mercaderes
no obtuvieron respuesta de otra mujer, vestida de gris, que sin
cesar se palpaba para estar segura de que existía; en la siguiente
sala, color grana, los mercaderes huyeron a la vista de una mujer
vestida de rojo que se desangraba por una ancha herida
abierta en el pecho, aunque ella parecía no darse cuenta, ya que
su vestido no estaba ni siquiera manchado.
Pudieron al cabo refugiarse en el ala donde estaban las cocinas
y allí deliberaron acerca del mejor medio para llegar hasta
la caverna de los zafiros. Constantemente los molestaba el trajín
de los aguadores, y un perro sarnoso fue a lamer el muñón
azul del mercader italiano, el que había perdido los dedos. Al
fin, vieron aparecer por la escalera de la bodega a una joven esclava
que llevaba hielo granizado en un ataifor de cristal turbio;
lo depositó sin mirar dónde, sobre una columna de aire, para
dejarse las manos libres y poder saludar, levantándolas hasta la
frente, donde llevaba tatuada la estrella de los magos. Sus cabellos
azul-negros fluían desde las sienes hasta los hombros; sus
ojos claros miraban el mundo a través de dos lágrimas; y su
boca no era sino una herida azul. Su vestido color lavanda, de
fina tela desteñida por hartos lavados, estaba desgarrado en las
rodillas, pues la joven tenía por costumbre prosternarse para
rezar y lo hacía constantemente.
Poco importaba que no comprendiera la lengua de los
mercaderes, pues era sordomuda; así, se limitó a asentir gravemente
con la cabeza cuando ellos inquirieron cómo ir hasta el
tesoro mostrándole en un espejo sus ojos color de gema y señalando
luego la huella de sus pasos en el polvo del corredor. El
mercader griego le ofreció sus talismanes: la niña los rechazó
como lo hubiera hecho una mujer dichosa, pero con la sonrisa
amarga de una mujer desesperada; el mercader holandés le tendió
un saco lleno de joyas, pero ella hizo una reverencia desplegando
con las manos el pobre vestido todo roto, y no les fue
posible adivinar si es que se juzgaba demasiado indigente o demasiado
rica para tales esplendores.
Luego, con una brizna de hierba levantó el picaporte de la
puerta y se encontraron en un patio redondo como el interior
de un pozal, lleno hasta los bordes de la fría luz matinal. La joven
se sirvió de su dedo meñique para abrir la segunda puerta
que daba a la llanura y, uno tras otro, se encaminaron hacia el
interior de la isla por un camino bordeado de matas de aloe.
Las sombras de los mercaderes iban pegadas a sus talones, cual
siete víboras pequeñas y negras, en tanto que la muchacha estaba
desprovista de toda sombra, lo que les dio que pensar si no
sería un fantasma.
Las colinas, azules a distancia, se volvían negras, pardas o
grises a medida que se aproximaban; sin embargo, el mercader
de la Turena no perdía el valor y para darse ánimos cantaba
canciones de su tierra francesa. El mercader castellano recibió
por dos veces la picadura de un escorpión y sus piernas se hincharon
hasta las rodillas y cobraron un color de berenjena madura,
pero no parecía sentir dolor alguno e incluso caminaba
con un paso más seguro y más solemne que los otros, como si
estuviera sostenido por dos gruesos pilares de basalto azul. El
mercader irlandés lloraba viendo cómo gotas de sangre pálida
perlaban los talones de la muchacha, que andaba descalza sobre
cascos de porcelana y de vidrios rotos.
Cuando llegaron al sitio, tuvieron que arrastrarse de rodillas
para entrar a la caverna, que no abría al mundo más que
una boca angosta y agrietada. La gruta era, sin embargo, más
espaciosa de lo que hubiera podido esperarse y, así que sus ojos
hubieron hecho buenas migas con las tinieblas, descubrieron
por doquier fragmentos de cielo entre las fisuras de la roca. Un
lago muy puro ocupaba el centro del subterráneo, y cuando el
mercader italiano lanzó una guija para calcular la profundidad,
no se la oyó caer, pero se formaron pompas en la superficie,
como si una sirena bruscamente despertada hubiera expelido
todo el aire que llenaba sus pulmones. El mercader griego empapó
sus manos ávidas en aquella agua y las sacó teñidas hasta
las muñecas, como si se tratara de la tina hirviendo de un tintorero;
mas no logró apoderarse de los zafiros que bogaban, cual
flotillas de nautilos, por aquellas aguas más densas que las de
los mares. Entonces, la joven deshizo sus largas trenzas y sumergió
los cabellos en el lago: los zafiros se prendieron en ellos
como en las mallas sedosas de una oscura red. Llamó primero
al mercader holandés, que se metió las piedras preciosas en las
calzas; luego, al mercader francés, que se llenó el chapeo de za29
firos; el mercader griego atiborró un odre que llevaba al hombro,
en tanto que el mercader castellano, arrancándose los sudados
guantes de cuero, los llenó y se los puso colgados al
cuello, de tal suerte que parecía llevar dos manos cortadas.
Cuando le llegó el turno al mercader irlandés, ya no quedaban
zafiros en el lago; la joven esclava se quitó un colgante de abalorios
que llevaba y por señas le ordenó que se lo pusiera sobre
el corazón.
Salieron arrastrándose de la caverna y la muchacha pidió
al mercader irlandés que la ayudara a rodar una gruesa piedra
para cerrar la entrada. Luego, colocó un precinto confeccionado
con un poco de arcilla y una hebra de sus cabellos.
El camino se les hizo más largo que a la ida por la mañana.
El mercader castellano, que empezaba a sufrir a causa de sus
piernas emponzoñadas, se tambaleaba y blasfemaba invocando
el nombre de la madre de Dios. El mercader holandés, que estaba
hambriento, trató de arrancar las azules brevas maduras de
una higuera, pero un enjambre de abejas ocultas en la espesura
almibarada le picaron profundamente en la garganta y en las
manos.
Llegados al pie de las murallas, el grupo dio un rodeo para
evitar a los centinelas y se dirigieron sin hacer ruido hacia el
puerto de los pescadores de sirenas, que estaba siempre desierto,
pues hacía largo tiempo que no se pescaban ya sirenas en
aquel país. La barca flotaba blandamente en el agua, amarrada
al dedo de un pie de bronce, único resto de una estatua colosal
erigida antaño en honor a un dios del que ya nadie recordaba el
nombre. En el muelle, la esclava sordomuda hizo intención de
despedirse de los hombres, saludándoles con las manos puestas
en el corazón; entonces, el mercader griego la tomó por las muñecas
y la arrastró hasta el barco, movido por el propósito de
venderla al príncipe veneciano del Negroponto, de quien se sabía
que le gustaban las mujeres heridas o afectadas de alguna
invalidez. La doncella se dejó llevar sin oponer resistencia y sus
lágrimas, al caer sobre las maderas del puente, se transforma30
ban en bellas aguamarinas, así es que sus verdugos se las ingeniaron
para darle motivos que la hicieran llorar.
La dejaron desnuda y la ataron al palo mayor; su cuerpo
era tan blanco que servía de fanal al barco en aquella noche
clara navegando entre las islas. Cuando hubieron terminado su
partida de palillos, los mercaderes bajaron a la cabina para
echarse a dormir. Hacia el alba, el holandés subió al puente
aguijoneado por el deseo y se acercó a la prisionera, dispuesto a
violentarla. Mas he aquí que la niña había desaparecido: las ligaduras
colgaban, vacías, del tronco negro del mástil, como un
cinturón demasiado ancho, y en el lugar donde se habían posado
sus pies suaves y delgados no quedaba otra cosa que un
montoncito de hierbas aromáticas que exhalaban un humillo
azul.
En los días que siguieron reinó una calma chicha, y los rayos
del sol, que caían a plomo sobre la lisa superficie color de
algas, producían un chirrido de hierro candente sumergido en
agua fría. Las piernas gangrenadas del mercader castellano se
habían puesto azules como las montañas que se columbraban
en el horizonte y purulentos regueros se deslizaban desde las
tablas del puente hasta el mar. Cuando el sufrimiento se hizo
intolerable, el hombre sacó del cinturón una ancha daga triangular
y se cercenó a la altura de los muslos las dos piernas envenenadas.
Murió agotado al despuntar la aurora, después de haber
legado sus zafiros al mercader suizo, que era su enemigo
mortal.
Al cabo de una semana recalaron en Esmirna y el mercader
de Turena, que siempre había temido al mar, optó por desembarcar,
con intención de continuar su viaje a lomos de una buena
mula. Un banquero armenio le cambió los zafiros por diez
mil monedas con la efigie del Preste Juan. Eran piezas perfectamente
redondas y el francés cargó alegremente con ellas hasta
trece mulos; pero, así que llegó a Angers, tras siete años de viaje,
se encontró con la sorpresa de que las monedas del monarcapreste
no tenían curso en su país.
En Ragusa, el mercader holandés trocó sus zafiros por una
jarra de cerveza servida en el mismo muelle, pero tuvo que escupir
aquel insulso líquido aventado que no tenía el mismo gusto
que la cerveza de las tabernas de Ámsterdam. El mercader italiano
desembarcó en Venecia con el propósito de hacerse proclamar
Dogo, mas pereció asesinado al día siguiente de sus nupcias
con la laguna. En cuanto al mercader griego, se le ocurrió
atar los zafiros a un cabo largo y suspenderlos en el costado de
la barca, esperando que el contacto con las olas fuera benéfico
para su hermoso color azul. Al mojarse, las gemas se volvieron
líquidas y apenas si añadieron al tesoro del mar unas pocas gotas
de agua transparente. El hombre se consoló pescando peces
y asándolos al rescoldo de la ceniza.
Un atardecer, al cabo de veintisiete días de navegación, el
barco fue atacado por un corsario. El mercader de Basilea se
tragó sus zafiros para sustraerlos a la avaricia de los piratas y
murió de atroces dolores de entrañas. El griego se echó al mar
y fue recogido por un delfín, que lo condujo hasta Tinos. El irlandés,
molido a golpes, fue dejado por muerto en la barca, entre
los cadáveres y los sacos vacíos; nadie se tomó la molestia de
quitarle el colgante de falsas piedras azules, que no tenía ningún
valor. Treinta días más tarde, la barca a la deriva entró por sí
misma en el puerto de Dublín y el irlandés echó pie a tierra para
mendigar un pedazo de pan.
Estaba lloviendo. Los tejados oblicuos de las casas bajas
sugerían grandes espejos destinados a captar los espectros de la
luz muerta. La calzada desigual se encharcaba más y más; el cielo,
de un parduzco sucio, parecía tan cenagoso que ni los ángeles
se hubieran atrevido a salir de la casa de Dios; las calles estaban
desiertas; el puesto de un mercero ambulante, que vendía calcetines
de lana cruda y cordones para los zapatos, se veía abandonado
al borde de una acera debajo de un paraguas abierto. Los reyes
y los obispos esculpidos en el pórtico de la catedral no hacían
nada para impedir que cayera la lluvia sobre sus coronas o sus
mitras, y la Magdalena recibía el agua en sus senos desnudos.
El mercader, todo desalentado, fue a sentarse bajo el pórtico
junto a una joven mendiga, tan pobre que su cuerpo, azulenco
de frío, se veía a través de los desgarrones de su vestido gris. Sus
rodillas se entrechocaban ligeramente; sus dedos cubiertos de
sabañones apretaban un mendrugo de pan. El mercader le pidió
por el amor de Dios que se lo diera, y ella se lo tendió en el acto.
El mercader hubiera querido regalarle el colgante de abalorios
azules, puesto que no tenía ninguna otra cosa que ofrecer; mas
en vano buscó en sus bolsillos, alrededor de su cuello, entre las
cuentas de su rosario. No hallándolo, se echó a llorar desconsolado:
no poseía ya nada que pudiera recordarle el color del cielo
y la tonalidad del mar en donde había estado a punto de perecer.
Suspiró profundamente y, como el crepúsculo y la fría niebla
se espesaban en derredor, la muchachita se apretujó contra
él para darle calor. El hombre le hizo preguntas acerca del país
y ella le contestó en el tosco dialecto del pueblo que dejara antaño,
siendo aún muy chico. Entonces, apartó los cabellos desgreñados
que cubrían el rostro de la mendiga, pero tan sucio
estaba que la lluvia iba trazando en él regueritos blancos, y el
mercader descubrió horrorizado que la niña era ciega y que una
siniestra nube velaba el ojo izquierdo. No dejó por ello, sin embargo,
de posar su cabeza en aquellas rodillas mal cubiertas de
harapos y se durmió sosegado: el ojo derecho, que había visto
privado de mirada, era milagrosamente azul.

Cuento azul. Marguerite Yourcenar.
Cuentos completos. Editorial Alfaguara.

2010/08/26

Cámara oscura, herramienta de pintores





4 dibujos de Canaletto, dibujados en Venecia con cámara oscura. Gallerie dell'Accademia.


La cámara oscura ha sido una herramienta utilizada por los pintores desde el siglo XV. Proyectando la imagen invertida sobre un papel o una tela, han dibujado sobre la proyección desde Vermeer a David Hockney. En este video del documental Genios de la fotografía de la BBC, vemos un ejemplo espectacular del principio óptico que siglos más tarde dió origen a la cámara fotográfica, filmado en Venecia.


Pintura en time lapse

Time lapse es una técnica de video que nos permite ver el proceso de trabajo de una pintura, desde el inicio hasta el final. Como en este video del pintor Marc Dalessio pintando su autoretrato .




Time-lapse es una técnica utilizada en animación para crear la sensación de movimiento a partir de una sucesión de imágenes fijas. Un ejemplo son los dibujos que descomponen el movimiento de la carrera de un dinosaurio en este mural en la estación Etterbeek de Bruselas, realizado por Bonom & Lork.



Algunos lo utilizan además creando una secuencia narrativa, en la que el proceso son distintas viñetas de la narración. Una película de animación en la que no sólo vemos los dibujos que nos explican una historia, sino a quienes los dibujan, mientras los dibujan. Como en el espectacular video de los jóvenes artistas Blu y David Ellis.

En este otro ejemplo, un grupo de tres pintores con sus monos blancos de trabajo, pintan sucesivas imágenes en el muro de un patio. El tema es 350. 
.-¿350? ¿350 qué? 
Los científicos afirman que el límite seguro para la humanidad es 350 partes de CO2 por millón  en la atmósfera. Actualmente es de 392 y sigue aumentando. La organización 350.org se ha propuesto lograr un acuerdo internacional sobre esta cifra límite mediante la presión del público. En su web www.350.org se pueden proponer acciones públicas y ver las que han realizado en todo el mundo todo tipo de personas concienciadas con el tema de la sostenibilidad y el cambio climático.



350 from Hans Hansen on Vimeo.

2010/07/27

La Pintura y el Fuego V.

En 1767 el volcán Vesubio entró en erupción, causando el mismo terror atávico y la misma fascinación que nos siguen provocando las fuerzas naturales cuando escapan a nuestro control. El volcán Eyjafjalla entró en erupción en Islandia el año 2010 y desde entonces numerosos fotógrafos profesionales han sobrevolado su cráter en helicóptero para fotografiarlo y miles de personas desde la distancia lo han observado y fotografiado con sus cámaras digitales y teléfonos móviles.
El pintor inglés Joseph Wright (1734-1797) tras su visita a Italia, pintó numerosos cuadros del Vesubio en erupción, escupiendo fuego, lava y cenizas, lo que viene haciendo con regularidad desde la erupción del año 79 que sepultó Pompeya.


Gracias de nuevo a Jesús Olmo.

2010/06/26

Cartas a un joven artista ¡publicado!




El libro Cartas a un joven artista, ya está publicado en español. 
Ediciones el Ciprés ha hecho una fantástica edición de la traducción que hice del original Letters to a young artist y el libro ya está llegando a las librerías.

Cerrando un círculo que empezó hace dos años, hace unos días pude tomar esta foto, en la librería Loring de Barcelona, de un lector hojeando el libro Cartas a un joven artista junto a la mesa donde siguen vendiéndose ejemplares de Letters to a young artist.


Larga vida a estos textos llenos de entusiasmo, coherencia, sentido común, experiencia, humor y estímulo, en las cartas que escriben 23 artistas contemporáneos de probada experiencia y renombre internacional, a un joven que les solicita consejo al iniciar su vida de artista.

Gracias a todos los que lo han hecho posible.


Librerías de Barcelona donde encontrar el libro:

Para encontrar el libro en Librerías del resto de España, o adquirirlo por internet, consultar la web de la editorial, aquí.

2010/06/10

Refuges d'Art: Refugios de Arte para caminar y contemplar la obra de Andy Goldsworthy.

Durante seis días un grupo de siete personas hemos caminado unos quince kilómetros diarios por las montañas de los alrededores de Digne-les-Bains, en la Alta Provenza francesa, para contemplar in situ obras del escultor británico Andy Goldsworthy. Es el recorrido "Refuges d'Art", "Refugios de Arte", un proyecto artístico que propone visitar los lugares donde están las esculturas, ya sean los "Centinela" realizados en piedra tallada en tres carreteras o las cavidades en el muro de la ermita de Sainte Madeleine y el Refugio de la Forest, o los arcos subterráneos en el refugio La Ferme Belon, el muro de arcilla en el refugio Le Vieil Esclangon o las líneas en las piedras del muro en el refugio Col de l'Escuichière.

En los alrededores de Digne-les-Bains se encuentra la Réserve Géologique d'Haute Provence, una zona donde los movimientos tectónicos que dieron origen a los Alpes no sólo elevaron y dejaron al descubierto los fondos marinos, sino que lo hicieron de tal forma que en algunos lugares las capas de tierra siguen un orden no cronológico sorprendente y ahora quedan las más antiguas por encima de las más modernas. Los geólogos encuentran estratos desconcertantes y los artistas material de reflexión sobre el paso del tiempo, el movimiento y la tierra. Durante todo el recorrido de "Refuges d'Art" se puede ver cómo el tiempo se ha solidificado y el movimiento se ha hecho piedra. Es una zona donde el agua es una presencia constante por los ríos que serpentean en los valles, los torrentes que horadan la piedra y los fósiles marinos que pisamos cuando estamos a 1800 metros de altitud.
Nadine Gomez, directora del Musée Gassendi de Digne y Guy Martini, director de la Réserve Géologique, iniciaron la colaboración con artistas que realizaban intervenciones en el terreno, como las obras de Herman de Vries que pudimos ver durante la visita al refugio de le Vieil Esclangon.

En 1995 invitaron al escultor británico Andy Goldsworthy para que realizara alguna intervención en esta zona. Como él mismo explica: "Mis primeras obras en Digne las realicé en el río.(...) El río es fundamental para mí. Como lo son todos los ríos. Son siempre el primer lugar donde empiezo a trabajar (...) Una carretera te transporta, mientras que un río te guía." El libro "Cairns" publicó esos primeros trabajos efímeros que realizó en el río. Algunos similares pueden verse en la extraordinaria película documental sobre el trabajo de Goldsworthy "Ríos y mareas" del director Thomas Riedelsheimer.






Andy Goldsworthy se sintió muy atraído por la zona y regresó cada año, haciendo estancias en las que fué conociéndola más en profundidad. Siguieron tres obras que titula "Centinela", muy conectados con la carretera y que le dieron la primera idea de establecer un recorrido, de realizar un viaje serpenteante de uno a otro. "La construcción de un cairn consiste en poner una piedra sobre otra de forma similar a la superposición de los estratos. Se convierte así en algo parecido a un proceso geológico."
"El cairn se origina en las piedras apiladas que delimitan los caminos en las colinas y montañas del Norte de Inglaterra y Escocia (...) Me fijaba en los "Nine Standards", esas pilas de piedras sobre la montaña encima de Hartley, en la cima del valle de Eden. Las opiniones difieren sobre su función. Para mí, son los centinelas del valle. No sabría explicar por qué el cairn tiene una función de centinela. Es algo que sé, sencillamente. Quizá por la forma en que se yergue, con esa energía silenciosa y contenida."

En el primer Centinela que realizó en Digne, en la carretera de Clues de Barles, en el angosto valle del río Bès, la relación de los inverosímiles estratos verticales de la montaña y las líneas horizontales de la escultura dan mucha fuerza a la escultura, que parece estar refugiada en un pequeño recodo que había sido utilizado como área de descanso por los obreros que construyeron la carretera en los años veinte. Hice un apunte muy rápido a lápiz en la libreta de apuntes que llevo siempre encima.
Jean-Pierre Brovelli conoció a Andy siendo director cultural de la Réserve Géologique y, al ser un experto guía de montaña, ha acompañado a Andy Goldsworthy desde su llegada a Digne y le ha mostrado la zona durante todos estos años en los que la han recorrido a pie. Él es quien nos guía estos días que hacemos el recorrido de "Refuges d'Art" y me explica los inicios de proyecto: "Una noche, hacia 1999, durante una cena, Andy comentó que sería una buena idea restaurar cinco lugares de los que había visto en ruinas, realizar en ellos una escultura y ofrecer a la gente la posibilidad de llegar caminando y pasar la noche en el lugar".
Así se inició el proyecto que se conoce como "Refuges d'Art", "Refugios de Arte", que no se parece a ningún otro recorrido de exposiciones que podamos hacer en ciudades. Hay que realizar un esfuerzo físico para hacer desniveles de subida de 600 m y de bajada de 400 o 500 m en un día. El premio al final de la jornada es encontrar la escultura que está al final del camino. El tercer día llegamos al "Centinela" de la vallée du Vançon. El interior de los "Centinelas" puede ser macizo pero en este caso está hueco por dentro y en su interior Andy guardó dibujos de niños de los alrededores y una botella llena de deseos escritos para el futuro. Recuerda la manera en que los budistas rellenan el interior de imágenes del Buda con reliquias, mantras y joyas para dotarlas de mayor significado devocional. Es, en cualquier caso, una manera de incorporar a los habitantes de la zona a formar parte de las obras que se encuentran en su territorio.





Son días soleados de primavera en la Alta Provenza, un grupo de cinco mujeres, cuatro inglesas: Susan, Carol, Wendy, Gemma y yo, acompañadas de tres guías que se turnaban: la bella Pascale, el experto Jean-Pierre y el gigante Eric, hemos recorrido caminos a través de bosques interminables de robles, prados todavía no pisados por el ganado llenos de hierba tierna y flores azules de distintas formas y tamaños: orquídeas, myosotis o genciana, mientras olemos la lavanda, el romero y la menta. Todos los días escuchamos el canto del cuco, vemos àguilas volar sobre nuestras cabezas y nos rodean mariposas azules, amarillas, blancas, tornasoladas, de las seiscientas especies de mariposas que habitan en la zona.
Pasé la segunda noche durmiendo bajo las estrellas, en un prado frente al refugio la Forest. Otra noche dormimos en le Gîte des Monges, que llevan Max y Anne, de la "tribu" de Bartabas, el increíble circo ecuestre francés que crea imágenes inolvidables para los que hemos tenido la suerte de verlo, sin necesidad de usar espuelas, fustas ni látigos con los animales. En todos los albergues y refugios donde vamos reina una alegre convivencia y tenemos conversaciones muy amenas sobre los viajes que cada uno ha realizado, sobre el proyecto que estamos recorriendo y sobre la vida en la región .
Las obras de este recorrido de "Refugios de Arte" se han pensado, creado y construído en el mismo lugar en que las vemos. Son de una gran coherencia con el lugar tal como lo vemos ahora y con su historia. En la región hay numerosas ruinas que explican cómo ésta zona se despobló durante el siglo XX, en el que desaparecieron pueblos enteros y se abandonaron las numerosas granjas y los campos de cultivo. Este proyecto artístico tiene un importante componente social ya que está reconstruyendo algunas de estas ruinas y dando nueva vida a un patrimonio perdido, atrayendo a la zona a visitantes de todo el mundo. Curiosamente, pocos de los visitantes son franceses y he sido la primera española en realizar el recorrido. Espero poder animar a los que quieren acercarse al arte contemporáneo y al mismo tiempo vivir una experiencia estimulante de contacto con la naturaleza.
Estamos lejos de cualquier museo y las esculturas que encontramos están pensadas no solo para ser tocadas y contempladas sino también habitadas. La cavidad en el muro de la ermita de Sainte Madeleine acoge a una persona de pie dentro.
Sucesivamente fuimos habitando la escultura que está en el muro frente a la puerta de entrada, como el altar de una iglesia que ya no es una iglesia, y pregunté a cada una:
 _ ¿qué sientes estando allí dentro? 
Wendy se siente dentro de un capullo; Gemma siente que nace de una concha y está lista para salir al mundo, por lo que bromeamos con el nacimiento de Venus tal como lo pintaron los clásicos; Susan recuerda un dibujo de David Hockney en que un hombre está acuclillado con la forma de un huevo; Pascale siente calor y bienestar, como si estuviera en la barriga de su madre; Carol ve el contraste entre la forma ovoide en la que está y el rectángulo de la puerta frente a ella, a lo que Wendy añade que la forma masculina del rectángulo queda enfrente de la forma femenina de la cavidad; y yo siento que estoy dentro de la montaña y formo parte de ella, me siento piedra y viva al mismo tiempo.
Cuando entramos dos personas al mismo tiempo en la cavidad, sentimos que el espacio cambia por completo, ya no es "nuestro" y ya no percibimos nada de lo anterior.
Al día siguiente nos espera una escultura que aunque es también una cavidad en el muro, la cavidad en el muro del refugio la Forest es como un negativo de la anterior. Está en una sala lateral a la que no llega la luz de la puerta de entrada, por lo que al entrar en esta sala desde el exterior está completamente a oscuras. Solo la cavidad está iluminada por dentro, gracias al material translúcido con que se ha rematado la cúspide de su forma ovoide y el efecto de luz es inverso al de la ermita, donde la parte más oscura era el interior de la cavidad.

Este río de arcilla se encuentra en el refugio de le Vieil Esclangon, donde una chimenea frente al muro de arcilla hace que los imprevisibles juegos de luz del fuego den una nueva visión de la escultura a los que se quedan allí a pasar la noche. Para reforzar su composición a base de arcilla de la zona, Andy recogió cabellos de los habitantes de Digne y los mezcló con la arcilla, logrando también de esta forma una implicación en la obra de la gente de esta región. Varios voluntarios recogieron durante un día cabellos en todas las peluquerías de la región. "Este rio de arcilla roja es del mismo material que pisamos antes de llegar al refugio al que llegamos con los pies manchados de rojo y la vista llena de este color". Esto produce la resonancia entre el paisaje y la obra que el artista quiere lograr.

En el refugio de Col de l'Escuichière Andy Goldsworthy ha levantado un muro con piedra negra en la que la calcita dibuja líneas blancas. Ha tallado las piedras de forma que las líneas son continuas, como lo serían regueros de agua que se deslizaran desde el techo.



Terminamos el recorrido donde se inició el proyecto, en el Musée Gassendi, de Digne-les-Bains. Allí está el muro de arcilla, muy bien situado en la sala de Paisajes, con cuadros de artistas franceses de diversas épocas. Hay también una sala Goldsworthy, con material gráfico, apuntes a lápiz, fotografías, cartas, mapas del proyecto. Y una piedra negra con un aspa de calcita, expuesta allí hasta que Andy la utilice en la ampliación prevista en el refugio de Col de l'Escuichière.

Las obras que hemos recorrido estos días pertenecen a la colección del Musée Gassendi de Digne, son por tanto públicas y su realización se financia mediante aportaciones del programa Alcotra de la Unión Europea y de diversos organismos públicos franceses así como del British Council. La reconstrucción del refugio de la Foret fué gracias al mecenazgo del coleccionista norteamericano Jerry Murdoch. Andy Goldsworthy no recibe honorarios por su trabajo más allá de los gastos de viaje y estancia. Este es un proyecto artístico de largo recorrido, que requiere un gran entusiasmo e implicación por parte del artista y una buena gestión por parte de los responsables y que no solo crea puestos de trabajo directos en las labores de reconstrucción, sino que crea un interés artístico y turístico, por una zona antes deshabitada, que va a crecer con el tiempo. Es un proyecto artístico que desde su concepción está completamente vinculado al territorio y a sus habitantes. El tiempo en Digne es ahora un río de arcilla que fluye entre robles, centinelas y cavidades en la piedra.

Textos de Andy Goldsworthy extraídos del libro "Refuges d'Art", Fage éditions, 2008, ISBN 978-2-84975-080-
Andy Goldsworthy
Musée Gassendi
Réserve Geólogique d'Haute Provence
Jean-Pierre Brovelli, guía de Refuges d'Art
Rivers and Tides. Director: Thomas Riedelsheimer