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2012/01/01

Ramón Gaya en Pestum


Ramón Gaya en el Palatino, 1958


Ramón Gaya (1910 - 2005) Pintor

PESTUM
Pobreza Divina




"En pocos lugares he sentido como aquí, en este mendrugo de lo griego, una emoción tan difícil, tan compleja, de solemnidad y mendicidad mezcladas. Aquellos templos me parecieron tres mendigos majestuosos, sabios (están construidos, como se sabe, con una piedra caliza llena de agujeros como una esponja endurecida o un rostro marcado por la viruela), y llegando a ellos desde Roma y lo romano –mi recorrido era ese-, me pareció que le pertenecían por completo a la cristiandad; comprendí entonces algo que ya sentía desde antes: que en lo griego hay mucho más cristianismo que en lo egipcio y lo romano, posiblemente por su absoluta falta de soberbia, de enemistad, de terquedad materialista; lo egipcio y lo romano son dos energías voluntariosas, empeñosas, hábiles, es decir, privadas de la Gracia, y por eso las veremos actuar siempre como si fueran dos ingenieros concienzudos, desconfiados. En lo griego hay una limpieza que vale lo que la pobreza en lo cristiano, que son, quizá, una misma cosa, una misma purificación. Lo egipcio y lo romano se producen, viven como enfrentándose a lo que pueda venir, imponiéndose a la Historia misma, mientras que lo griego no parece sospechar competencia alguna, y, salvo su incurable ideal de perfección, todo en lo griego nos resulta natural, sencillísimo. Lo chino, lo griego y lo cristiano parecen fragmentos de una misma línea central, recta infinita, una línea que no es otra cosa que espíritu, más aún, alma sola, el Alma. Lo griego –como lo chino y lo cristiano- está siempre lleno de creencia, de trascendencia, de fatalidad –sí, de fatalidad, y por lo tanto, claro es, de salvación-; lo griego quiere perdurar y no, como Egipto y Roma, durar simplemente. Lo chino, lo griego y lo cristiano quieren perdurar porque perdurar es un sentimiento, mientras que durar no es más que un propósito. Ante aquellos templos de color pan, oro pan, caí en la cuenta de que todo cuanto los historiadores de arte han creído ver en lo griego de perfección estética, de perfección estilística, no es más, en realidad, que ascetismo, pobreza divina."

Ramón Gaya. Italia 1953.


El Coliseo, Roma, 1956.
Pintura de Ramón Gaya.


web de Ramón Gaya
blog sobre Ramón Gaya
Ramon Gaya en wikipedia


Ramón Gaya en Firenze, 1959
Gracias a Ulises Cortés, por el texto de Ramón Gaya.
web de Ulises Cortés


fotografias de Pestum: Rolf Gross

2010/10/16

«O che dolce cosa è questa prospettiva!»

File:Paolo uccello, studio di vaso in prospettiva 02.jpg





"O che dolce cosa è questa prospettiva!" le contestaba Paolo Uccello a su mujer cuando allá por 1450* pasaba las noches en vela dibujando, en vez de ir a dormir con ella. El nombre de Uccello le fué dado, a él que se llamaba Paolo di Dono, por su afición a pintar pájaros y otros animales, en paisajes que nadie había pintado antes con la perfección con que lo hizo él. Nos lo explica Vasari, en Le Vite de più eccellenti architetti, pittori et scultori, que escribió 70 años después de la muerte de Uccello: "En la casa de los Médicis ejecutó al temple, sobre tela, algunas escenas de animales, por las cuales tenía mucha afición, empeñándose para realizarlas bien. En su casa siempre tenía dibujos y pinturas de pájaros, gatos, perros y toda clase de animales extraños, porque, siendo pobre, no podía poseer los ejemplares vivos. Y como lo deleitaban más que nada los pájaros, le dieron el apodo de Paolo Uccelli". 

Sigue explicando Vasari:

"Trabajó también en Santa Maria Maggiore, en una capilla al lado de la puerta lateral que conduce a San Giovanni, donde están la tabla y la predella de Masaccio: allí pintó al fresco una Anunciación en que representó una casa que merece atención, pues era tarea nueva y difícil en aquella época, siendo la primera obra en que se mostró a los artistas el buen modo de establecer la fuga de las líneas con gracia y proporción, y de representar amplio espacio y lontananza en una superficie muy pequeña. Quienes son capaces de agregar a esto las luces y las sombras en sus debidos lugares, sin duda logran engañar al ojo y dar vida y relieve a la pintura. Y no bastándole esto a Paolo, quiso superar mayor dificultad aún, representando una columnata en perspectiva, que rompe el ángulo vivo de la bóveda, allí donde están los cuatro Evangelistas. Esa realización fue considerada bella y difícil y, a la verdad, Paolo fue ingenioso y capaz en tal especialidad".







File:Paolo Uccello 064.jpg


Su obsesión por la perspectiva, aplicada a la descripción de paisajes, figuras y animales ha dejado cuadros como la Batalla de San Romano, que se encuentra en Londres:
Archivo:Paolo Uccello 031.jpg 


Y otra versión de la misma Batalla de San Romano, que se encuentra en Florencia:
Archivo:Paolo Uccello 023.jpg


Uccello dibujaba sin descanso:
"Considerables fueron, realmente, los esfuerzos desplegados por Paolo en materia de pintura, y dibujó tanto que dejó a sus deudos, según por ellos mismos he sabido, cajones llenos de proyectos. Pero si bien vale mucho proyectar, mejor es llevar los proyectos a la práctica, pues tienen más larga vida las obras que las hojas de papel dibujadas. Y aunque en nuestro Libro de dibujos hay bastantes figuras, perspectivas, pájaros y animales maravillosamente bellos, lo mejor de todo es un mazzocchio puramente lineal, tan hermoso que sólo la paciencia de Paolo era capaz de ejecutarlo. Aunque era un individuo de hábitos retraídos, admiraba el talento de los artistas y para dejar el recuerdo de algunos de ellos a la posteridad, pintó con su propia mano, en una larga tabla, los retratos de cinco hombres prominentes, que conservaba en su casa: uno era Giotto, pintor, lumbrera y padre del arte, Filippo di ser Brunelleschi representaba a la arquitectura, Donatello a la escultura, Paolo mismo a la perspectiva y la pintura de animales, y Giovanni Manetti, su amigo, con quien conversaba bastante y comentaba las cosas de Euclides, a las matemáticas". 


Vasari inicia su relato de Uccello con una visión crítica de su obsesión por la perspectiva:
"Paolo Uccello  hubiera sido el más delicioso y original genio después de Giotto en el arte de la pintura si se hubiese esforzado tanto en las figuras y los animales como se esforzó y perdió tiempo en las cosas de la perspectiva, pues aunque éstas son ingeniosas y bellas, quien se dedica inmoderadamente a ellas derrocha tiempo y más tiempo, gasta sus dotes naturales, acumula dificultades para su talento y a menudo lo convierte, de fecundo y fácil que era, en estéril y difícil. Y quien cuida más de la perspectiva que de las figuras, cae en un estilo seco y lleno de perfiles, producido por la voluntad de desmenuzar demasiado las cosas. Además, a menudo se vuelve solitario, extraño, melancólico y conoce la pobreza, como le ocurrió a Paolo Uccello que, dotado por la naturaleza de un ingenio sofístico y sutil, no encontraba placer mayor que el de investigar problemas difíciles e imposibles de la perspectiva. Y ésta, aunque bella y llena de fantasía, lo trabó tanto en la ejecución de las figuras que, a medida que iba envejeciendo, las hacía cada vez peor. Y no cabe duda de que quien, con estudios demasiado terribles, violenta la naturaleza, si bien por un lado aguza su ingenio, por otra parte nunca hace nada que parezca realizado con esa facilidad y esa gracia que naturalmente tienen aquellos que ponen cada pincelada en su lugar, moderadamente, con deliberada inteligencia llena de discreción, y eluden ciertas sutilezas que más bien dan a la obra un no sé qué forzado, seco, difícil y de pésimo estilo, que causa compasión a quien la mira, en vez de causarle asombro. En efecto, el instinto reclama ser utilizado en la misma medida en que el intelecto se empeña en obrar y en que el entusiasmo está encendido: entonces es cuando se ven surgir las maravillosas concepciones y los rasgos excelentes y divinos".


Le reprocha Vasari que cuando trabajó en los frescos de San Miniato, en las afueras de Florencia "hizo los campos azules, las ciudades rojas y los edificios de varios colores, según su fantasía".
Sin embargo, el escritor y erudito francés Marcel Schwob , que en su libro Vies imaginaires también utiliza la fantasía, lo hace para ensalzar la obsesión de Paolo Uccello por la perspectiva mediante imágenes de gran belleza literaria:
"Il représentait aussi toutes les bêtes et leurs mouvements, et les gestes des hommes afin de les réduire en lignes simples.
Ensuite, semblable à l’alchimiste qui se penchait sur les mélanges de métaux et d’organes et qui épiait leur fusion à son fourneau pour trouver l’or, Uccello versait toutes les formes dans le creuset des formes. Il les réunissait, et les combinait, et les fondait, afin d’obtenir leur transmutation dans la forme simple, d’où dépendent toutes les autres. Voilà pourquoi Paolo Uccello vécut comme un alchimiste au fond de sa petite maison. Il crut qu’il pourrait muer toutes les lignes en un seul aspect idéal. Il voulut concevoir l’univers créé ainsi qu’il se reflétait dans l’œil de Dieu, qui voit jaillir toutes les figures hors d’un centre complexe. Autour de lui vivaient Ghiberti, della Robbia, Brunelleschi, Donatello, chacun orgueilleux et maître de son art, raillant le pauvre Uccello, et sa folie de la perspective plaignant sa maison pleine d’araignées, vide de Provisions ; mais Uccello était plus orgueilleux encore. À chaque nouvelle combinaison de lignes, il espérait avoir découvert le mode de créer. Ce n’était pas l’imitation où il mettait son but, mais la puissance de développer souverainement toutes choses et l’étrange série de chaperons à plis lui semblait plus révélatrice que les magnifiques figures de marbre du grand Donatello".
(...) Quiso concebir el universo creado tal como se reflejaba en el ojo de Dios, que ve surgir todas las figuras a partir de un centro complejo".



Schwob crea, con la fantasía que tanto le gustaba al pintor, la narración de cómo pudo ser la muerte de Paolo Uccello: "Son visage était rayonnant de rides. Ses yeux étaient fixés sur le mystère révélé. Il tenait dans sa main strictement refermée un petit rond de parchemin couvert d’entrelacements qui allaient du centre à la circonférence et qui retournaient de la circonférence au centre." "Su rostro estaba surcado de arrugas. Sus ojos miraban fijamente al misterio revelado. Sujetaba en su mano firmemente cerrada un rollo pequeño de pergamino cubierto de líneas entrelazadas que iban del centro a la circunferencia y que regresaban de la circunferencia al centro".


Vasari en castellano
Vasari en italiano
Marcel Schwob en castellano
Marcel Schwob en français


*Vasari da la fecha de 1432 para el fallecimiento de Paolo Uccello. Sin embargo, en todas las biografías que he consultado, se da la fecha de 1475. La fecha de 1450 para esta cita es una invenzione.


Gracias a Jesús Olmo por recordarme a Uccello y enviarme las Vidas Imaginarias de Marcel Schwob.

2009/11/10

Balthus habla de Pintura, escuchamos.

Podemos tener la sensación de estar en la misma habitación y escuchar a Balthus hablándonos de pintura, al leer el libro "Memorias. Balthus". Durante sus estancias en la Rossinière, la gran casona de madera situada en una ladera de Enhaut, Suíza, Alain Vircondelet escuchó atentamente las reflexiones y los recuerdos del anciano Balthus, el gran pintor figurativo del siglo XX, contemporáneo y amigo de Bonnard, Rilke, Picasso, Giacometti, Mondrian, Malraux, entre muchos otros, que vuelve sobre sus pasos para recordar cuando siendo muy joven aprendía a pintar copiando en las salas del Louvre a Poussin y Lorrain, y cómo más tarde descubría en Italia a sus maestros Piero della Francesca, Massacio y Giotto, para volver a Francia concentrando su vida en la pintura de depurados, lentamente elaborados, intemporales y esenciales retratos, cuadros y decorados y finalmente regresar a Italia para dirigir durante unos años la Villa Medici en Roma. En estas conversaciones nos hace sentir cercanos a todos los grandes artistas que encontró en su vida, vivos y muertos, europeos y orientales, y nos expone sus pensamientos y procesos de trabajo para que podamos vislumbrar cómo ha elaborado sus cuadros. En el prólogo del libro , Paul Lombard explica:
"Cuando la melancolía caía como nieve sobre el Grand Chalet cubierto de escarcha por el viento, Balthus me tomaba interminablemente la mano para calentar la suya. Lo interminable se me hacía corto. Ese ladrón de calor encendía un pitillo detrás de otro y, con voz quebrada, me hacía compartir sus recuerdos más recónditos: "No sé -me dijo unos días antes de su muerte- si le he contado, Maître Paul -siempre me llamaba así-, cómo conocí a Antonin Artaud".

Oímos el ronroneo de algún gato que se acerca, y la voz de Balthus en un susurro:
"Hay que aprender a atisbar la luz. Sus inflexiones. Sus fugas y sus filtraciones. Por la mañana, después del desayuno, después de leer el correo, informarse sobre el estado de la luz. Saber si es posible pintar hoy, si el avance en el misterio del cuadro será profundo. Si la luz del estudio será buena para penetrar en él."
(...) "El estudio es el lugar de trabajo. De la dura faena. El lugar del oficio. Es fundamental. Es allí donde me recojo, como en un lugar de iluminación."
(...) "Me encantan esas horas que paso mirando el lienzo. Contemplándolo. Horas incomparables en su silencio."
(...) "Un cuadro o una oración, lo mismo da: una inocencia por fin alcanzada, un tiempo sustraído del desastre del tiempo que pasa. Una inmortalidad capturada."
(...) "Tengo fama de pintar un cuadro en diez años. Yo sé cuándo está terminado. Es decir, cuándo está cumplido. Ninguna pincelada, ni el menor rastro de color deben corregir el mundo por fin alcanzado, el espacio secreto por fin percibido. Fin de la larga plegaria pronunciada en el silencio del estudio. Fin de la contemplación silenciosa. Se ha acariciado una idea de la belleza".